
Empiezan a hacerte atractivo lo prohibido
te lo enseñan, te lo ofrecen, te invitan, te lo regalan,
al principio por curiosidad lo pruebas...
entonces te gusta, dices ¿porqué no una segunda vez?
y cuando te das cuenta ya lo has probado demasiadas.
Sientes que no puedes vivir sin ese enervante
piensa constante en el, en la forma como conseguirlo,
ideas métodos para surtirte a cada momento
en tu mente no hay cabida para pensar que no lo tendrás.
Cuando eres un adicto sin remedio, te arrebatan tu gusto,
ya no lo tienes cuando tu quieres y empiezas a experimentar
lo que en adelante será la prueba más dura de tu vida:
aprender a vivir sin esa droga deseada, que te hace sentir tan bien.
Caes tan bajo para conseguir pequeñas dósis
y entre menos tienes se te antoja más
y ése que tiene el producto en sus manos
te lo niega, se te esconde y aparece cuando menos lo esperas.
Has cambiado tanto, los que te aman te lo dicen,
pero tú no tienes oídos, ojos, ni voz,
sólo estás inmerso en ese mundo de vicio
y de como conseguir el paliativo ansiado.
Algo de dignidad queda en lo profundo de tu ser
que decides recomenzar, renacer, olvidar,
dices que no serás dependiente nunca más
y te proyectas en convertirte en un ser libre de ataduras.
No contabas con el síndrome de abstinencia
que te hace sentir ansiedad, resequedad en la boca,
tiemblas solo de pensar en volver a probar,
los sudores y delirios no se hacen esperar.
Tienes pesadillas constantes, te deprimes con regularidad,
lloras sin consuelo a escondidas intentando desahogar,
nunca encuentras la ayuda esperada en los demás
y sientes que eres débil, que vencer no podrás...
Cada cosa, cada persona, cada instante, te hace recordar
y dices... ¿porqué no puedo sólo una vez más?
hay dias que te sientes reanimado, con mucha alegria
y otros tantos, te sientes decaído, sin esa valentía.
Y he aquí... la prueba más díficil de pasar
la droga la tienes ante tu mesa, a unos centímetros de tí,
en tu mente está fijo el placer experimentado,
sólo es cuestión de tu voluntad de decir... no.
Y ¿cómo decir no a sus besos? ¿a sus caricias?
¿a sus palabras? ¿a su presencia? ¿a todo eso que te llena?
a su mirada, a su olor, al timbre de su voz,
a sus abrazos, a su pasión, a su ternura... ¿a su amor?
Sólo tú sabes si quieres seguir siendo preso
de una mala adicción...
Solo por hoy...
Solo por hoy...
di que no.
Vicky E.Durán
Abril 2009