
Confesiones
Yo confieso en casi la mitad de mi vida...
mis errores, mis defectos, mis virtudes,
los grandes aciertos, las esperanzas fallidas,
los buenos momentos, las malas actitudes.
Fuí alguna vez una niña inocente y salvaje,
introvertida, observadora y determinante,
desconfiada, esquiva y de natural coraje
aunque tímida pero de temple dominante.
Adolescente chiquilla ni dulce ni femenina,
sin maquillaje el rostro, los ojos sin ternura,
en la mochila traía aún los restos de esa niña
más un día el amor tocó mi puerta con premura.
Adolescente de un solo amor eterno y puro
quedé prendada de ojos cafés, tristes y bellos,
en mi vida celebré yo sola dulce conjuro
el primer amor me marcaba con nítido sello.
La joven me visitó un día indeterminado
traía una maleta con sus aprendizajes,
aún cargaba objetos de la niña, guardados,
y de la adolescente un gran equipaje.
La joven me transformó en gran medida,
era extrovertida, femenina e independiente,
alegre, pacífica, con metas concretas en la vida,
sincera, espontánea y leal amiga confidente.
Aunando mis cargas negativas en emociones,
también era caprichosa, enojona y rencorosa,
mentalizada en lograr mis propias ambiciones
indócil, ingobernable, siempre voluntariosa.
Y ahora ¡la mujer!, sí, la que aún se siente viva,
enamorada del amor, pasional y entregada,
la que en brazos de su amado se siente diva
la que en brazos de su amado se siente diva
la que sólo en su corazón se siente amada.
Pero ¡Ah! aún conservo tanto de indómita niña,
de adolescente rebelde, llorona, tonta y creída,
o la joven templada, inteligente, buscando la cima,
nocturna, sentimental, con sus sueños comprometida.
¿Qué sí amé? Vaya pregunta por contestar,
el amor se vistió de mozo bello o de caballero andante,
de seductor irresistible y de oficio: ¡ cortejar !,
del romántico detallista y del ardiente amante.
De la mirada almendrada, pura y temprana,
de los ojos negros como la noche y suspicaces,
de los ojos claros despertando una mañana,
los verdes o la azul pupila, enamorando eficaces.
Palabras sencillas y sinceras brotaban en unos,
y otros con labia cruel, largamente estudiada,
amores que se difuminaban cual volátil humo
cautivadores furtivos sin la presa cautivada.
¿Qué si acerté?...¡ sí !, ¡muchas veces!... incontables
¿Qué si fallé? Otras tantas y demasiados tantos,
pero caigo, me levanto, me sacudo, afilo el sable,
enfrento, acepto, decido el hoy y el cuando.
¿Qué si me arrepiento? ¡Si !... tengo un gran inventario
de palabras no dichas a tiempo, de la caricia no dada,
en mi conciencia están como eterno escapulario,
de las despedidas abruptas o de las ausencias obligadas.
Y soy mujer, con tantos matices y tantos rostros el alma
con tanto por aprender aún y mucho por entregar,
que puedo ser impulsiva ¡sí! más ya conservo la calma,
porque mi corazón y mi espíritu no se cansan de amar.
Vicky E.Durán
Poema Nov.2008